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Vegadeo: sus perspectivas estéticas

Por: la Redacción
Los viajes de estudio constituyen una antigua tradición que perdura actualmente con gran vitalidad. En la Asturias de las primeras décadas del siglo XX estos viajes fueron creados y organizados por el Inspector de Primera Enseñanza D. Antonio J. Onieva, y en aquella época, como en la actual, la prioridad era buscar fondos que sufragasen los gastos de desplazamiento, estancia, visitas… de los alumnos. Como fuente de recursos, se pensó en editar un libro y destinar el importe íntegro de la venta a esta finalidad; en la obra iban a colaborar con pequeños artículos maestros que ejercían en distintos concejos de Asturias, dándoles total libertad en lo referente al contenido. El resultado fue el libro Asturias. Libro escolar de lectura, conservado en la actualidad en la Biblioteca de la Universidad de Oviedo, y en el que pueden encontrase costumbres, leyendas, historia, folklore, excursionismo, poesía…

Entre las múltiples aportaciones, nos interesa especialmente la de Antolín Santos Mediante (Taramundi 1880-Piantón 1944), referida a las perspectivas estéticas del Vegadeo de 1930, que a continuación reproducimos, no sin advertir que puede resultar un tanto llamativo el estilo empleado, fiel reflejo de la prosa rebuscada y engolada de la época:

«En el límite occidental de la provincia, muellemente recostada sobre las incipientes ondulaciones del monte Silvela cuya ingente mole le sirve de grandioso marco, se asienta, plácida y risueña, la floreciente villa de este nombre como perla engarzada entre dos regiones gemelas: Asturias y Galicia.

A su vera se deslizan, cantarinas y masas, las aguas del Suarón y el Monjardín, que acuden solícitas a la cita que allí les brinda el Eo, para unirse con él en amoroso y fluvial abrazo; y la ribereña villa baña sus plantas en el espumoso y cristalino lecho de los tres ríos que a porfía la mecen y la arrullan con el apacible murmullo de sus corrientes.

La pintoresca ría del Eo, cinta azulada de líquido caudal, la orea con sus frescas brisas y la entretiene con la dulce sonata de sus inquietas olas, extendiéndose como inmenso lago entre esta villa y sus hermanas, Ribadeo, Castropol y Figueras, albas ninfas que, emergiendo sonrientes en una y otra margen, se miran complacidas en el ondulante espejo de su rizada superficie, y se engalanan jubilosas con los nítidos encajes de la linfa bulliciosa y encrespada. De tan arrobador conjunto surge en amplios horizontes y deliciosas perspectivas un cuadro marino de belleza incomparable en que la vista se embelesa y el corazón se ensancha a su placer, aún después de haberlo contemplado muchas veces.

Si hacia el litoral ofrecen los alrededores de Vegadeo vistas tan encantadoras como el ameno trayecto que por el Fondrigo y la Valiña conduce hasta el puente interprovincial de Porto, majestuosamente tendido sobre el Eo, o el magnífico paseo que por el barrio más industrial, el embarcadero y los Caleiros avanza paralelo a la ría, también en la zona de valles y montañas que la circuyen, el visitante queda gratamente sorprendido con la frondosidad y galanura de paisajes, tales como la florida vega que, a semejanza de no interrumpido vergel y en el circuito de doble carretera que la ciñe, se dilata hasta la linda aldea de Piantón. En ella la pausada corriente del Suarón, serpentea entre la esmeraldina alfombra de vastas praderas y el tupido ramaje con que la sombrea la lozana vegetación de sus orillas.

El rumoroso silencio y la ermítica soledad en que se yerguen los umbrosos bosques y extensos pinares de Ferreira, y el magnífico y sorprendente espectáculo de la villa y sus contornos, vistos desde la enhiesta cumbre del Silvela o desde la prominencias en que se alzan Mión [sic] y la Galea, completan los naturales atractivos de esta villa en que la Providencia quiso derramar a manos llenas sus dones más preciados.

El primoroso manto de bellezas en que se arrebuja, festoneado por las cinco carreteras que a ella afluyen, y las recientes obras de urbanización y embellecimiento ejecutadas en las calles, plazas y paseos de su recinto, hacen de la coquetona villa, una localidad por demás atrayente y sugestiva, y la convierten en digna antesala del occidente astur”.(1)

(1) VV. AA., «Vegadeo: sus perspectivas estéticas», en Asturias. Libro escolar de lectura, Oviedo, 1930, [Tipografía de La Voz de Asturias], págs. 96-98.

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