Ávila, tierra de contrastes…
La provincia de Ávila es la más meridional de las que conforman la Comunidad de Castilla y León. Sus 8.048 km2 se distribuyen por variopintos paisajes, entre profundos valles jalonados de corrientes de aguas, montañas de altas cumbres y extensas llanuras. Ávila, de cumbres altas y orgullosas situadas al sur de la provincia. Espinazo de la Sierra de Gredos, con el Pico del Moro Almanzór, el más alto del Sistema Central. Pueblos y aldeas serranas se guarecen bajo la protección de tan altos picos.
Al sur de Gredos, protegido de los fríos vientos del norte, El Valle del Tiétar; gentes alegres; colores cálidos; la ‘Andalucía de Ávila.
Al norte de Gredos dos ríos, nuevamente, conforman la geografía y originan profundos y fértiles valles de extrema belleza que discurren hacia opuestos puntos cardinales. Al oeste, el Valle del Tormes, hacia el este, el del Alberche.
Las sierras de La Serrota, la Paramera y La Sierra de Ávila bordean al Valle de Amblés, que arropa al río Adaja quien, majestuoso, llega a hasta la ciudad de Ávila besando sus murallas antes de seguir hacia el norte para unir sus aguas al Duero.
Los pinares y la vid son los protagonistas en la zona oriental de la provincia abulense, ya limítrofes con Madrid.
La Moraña, “tierra de moros”, esa inmensa llanura cerealista, es la protagonista de todo el norte provincial.
Variedad de paisajes de los que disfrutar, de gentes con las que compartir, de tesoros por descubrir, de monumentos que contemplar, de caminos que recorrer, de mesas que compartir…
Desde Gredos a La Moraña, desde la Tierra de Pinares al Valle del Corneja, desde las judías de El Barco de Ávila al cochinillo de Arévalo, desde las truchas del Tormes al chuletón y la ternera, desde el románico al barroco, desde la iglesia y el monasterio al palacio y al castillo, desde la avutarda y la liebre a la capra hispánica, desde el valle hasta la montaña…
Ávila, todo un mundo de contrastes por descubrir.
… y monumentos.
En Ávila, las piedras hablan. Piedras que nos cuentan historias que vieron suceder, de gentes que acogieron. Historias heroicas e historias cotidianas.
Piedras, algunas, milenarias, que sirvieron para guarecerse a los habitantes de los castros vettones, o convertidas en figuras zoomorfas por el rudimentario cincel de su escultor, como los Toros de Guisando y tantos otros berracos diseminados por toda la geografía provincial.
Piedras centenarias convertidas en calzadas, en castillos, en palacios, en iglesias y abadías, en conventos, en puentes…
Piedras, en definitiva, que forman parte de la historia abulense y que, con orgullo y satisfacción se muestran para su gozo y disfrute.
Ávila es tierra de castillos. De norte a sur, de Este a Oeste, estas fortalezas salpican toda su geografía. Arévalo, Narros del Castillo, El Barco de Ávila. Arenas de San Pedro, Mombeltrán, La Adrada, Las Navas del Marqués son tan sólo unos ejemplos. Junto a ellos los palacios y casas solariegas que hablan del esplendor de villas y ciudades.
Los templos y monasterios también ocupan un lugar destacado. Abadías como la de Bonilla de la Sierra o Burgohondo; impresionantes templos como en Cebreros, El Barco de Ávila o Piedrahíta, monasterios como el de San Pedro de Alcántara en Arenas de San Pedro, o el de Gracia en Madrigal de la Altas Torres sirven a la vez para la admiración y el recogimiento.
Y en la Moraña, el estilo mudéjar. Materiales pobres como el ladrillo y el barro crean un estilo propio de belleza singular que nada tiene que envidiar a otras pétreas construcciones.

