Ávila de los Caballeros, o del Rey, o de los Leales, es la capital de la provincia del mismo nombre. Situada a orillas del río Adaja, se levanta a 1.130 metros de altitud, lo que la convierte en la capital de provincia más alta de España.
Un viejo dicho sostiene que Ávila es tierra de cantos y de santos. de santos, por la cantidad y la importancia de los mismos, como Santa Teresa de Jesús o San Juan de la Cruz, por citar sólo a los más conocidos; y de cantos, por el rigor de la tierra abulense, sobria y granítica, austera e inquebrantable, acorde con la solemnidad de la mística y el recogimiento y la dureza del temple de la guerra.
Murallas, casas, palacios, conventos configuran el rico patrimonio artístico de la ciudad, fruto de un enriquecedor pasado histórico protagonizado por las culturas que en ella convivieron.
La UNESCO, en 1985, declaró Ávila Patrimonio de la Humanidad en reconocimiento a la grandísima importancia de sus monumentos, tesoros de una ciudad que sintetiza magníficamente el espíritu castellano de antaño, en el que lo militar y lo sagrado avanzan juntos, inseparablemente unidos.
La muralla de Ávila, desde el incomparable mirador de Los Cuatro Postes, se presenta como un pétreo cinturón que envuelve a la ciudad. Y sobresaliendo por encima de ella, la Catedral, atalaya de fe, de arte y de belleza. El románico de San Vicente, de San Pedro, de San Andrés de San Segundo, el gótico de Santo Tomás, palacios y casas solariegas, calles y plazas medievales, conventos, monasterios y un sinfín de obras de arte hacen de Ávila una ciudad especial.
A todo esto hay que añadir su limpio cielo azul, sus fiestas y tradiciones, su gastronomía y sus gentes, que hacen de la ciudad algo irrepetible.

