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Arévalo

Al norte de la provincia de Ávila se encuentra La Moraña. La magia del paisaje morañego, extensas llanuras que tras muros de adobe y barro esconden auténticos tesoros artísticos. Una amplia comarca para descubrir; un espacio abierto y limpio para el goce de todos los sentidos, en el que los paisajes humanos y los paisajes naturales se entremezclan en perfecta armonía.
Y capitaneando esta comarca, en una encrucijada de caminos, se levanta la histórica ciudad de Arévalo.
Los Briceños; los Montalvos; los Medina; los Sedeños; los Tapias; los Verdugo. Cinco familias que darán “apellido” a Arévalo: La ciudad de los cinco linajes. Cinco linajes que serán los encargados de organizar la repoblación de Arévalo y gobernar su tierra.
Ellos convertirán a Arévalo en una villa fuerte y próspera que obtendrá privilegios y fueros reales.
Del esplendor y poderío de la ciudad dan cuenta los restos de sus murallas, así como la poderosa Puerta de Alcocer, entrada principal de la ciudad, situada frente a la Plaza del Arrabal –extramuros- y la Plaza del Real –intramuros-, en la que se encontraba el palacio de los Trastámara. Una muralla que abrazaba a la villa y se unía a los muros de su poderoso castillo, levantado en la encrucijada de los ríos Adaja y Arevalillo.
Como centro neurálgico de la localidad, la Plaza de la Villa, un bellísimo y sugerente ejemplo de arquitectura popular castellana medieval. Casas de soportales con entramados de piedra, madera y ladrillo; la histórica Casa de los Sexmos; la Iglesia de Santa María la Mayor, con su imponente ábside mudéjar y su pétrea torre, y, en el extremo opuesto la iglesia de San Martín, con sus dos torres mudéjares conocidas popularmente como las “torres gemelas”, conforman un conjunto monumental único.
Desde hace décadas, Arévalo es referente nacional en el sector culinario por su famoso Tostón (cochinillo asado en horno de leña), que cumple con tradición y materia prima de calidad, su preparación casi espartana.

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