* Viaje a Asturias 2010 (Sigue la visita día a día en imágenes)
Sigue el intercambio día a día en fotos.
Ávila, ciudad amurallada
Publicado el Lunes 2 de marzo de 2009.
Ávila de los Caballeros, o del Rey, o de los Leales, es la capital de la provincia del mismo nombre. Situada a orillas del río Adaja, se levanta a 1.130 metros de altitud, lo que la convierte en la capital de provincia más alta de España.
Un viejo dicho sostiene que Ávila es tierra de cantos y de santos. de santos, por la cantidad y la importancia de los mismos, como Santa Teresa de Jesús o San Juan de la Cruz, por citar sólo a los más conocidos; y de cantos, por el rigor de la tierra abulense, sobria y granítica, austera e inquebrantable, acorde con la solemnidad de la mística y el recogimiento y la dureza del temple de la guerra.
Murallas, casas, palacios, conventos configuran el rico patrimonio artístico de la ciudad, fruto de un enriquecedor pasado histórico protagonizado por las culturas que en ella convivieron.
La UNESCO, en 1985, declaró Ávila Patrimonio de la Humanidad en reconocimiento a la grandísima importancia de sus monumentos, tesoros de una ciudad que sintetiza magníficamente el espíritu castellano de antaño, en el que lo militar y lo sagrado avanzan juntos, inseparablemente unidos.
La muralla de Ávila, desde el incomparable mirador de Los Cuatro Postes, se presenta como un pétreo cinturón que envuelve a la ciudad. Y sobresaliendo por encima de ella, la Catedral, atalaya de fe, de arte y de belleza. El románico de San Vicente, de San Pedro, de San Andrés de San Segundo, el gótico de Santo Tomás, palacios y casas solariegas, calles y plazas medievales, conventos, monasterios y un sinfín de obras de arte hacen de Ávila una ciudad especial.
A todo esto hay que añadir su limpio cielo azul, sus fiestas y tradiciones, su gastronomía y sus gentes, que hacen de la ciudad algo irrepetible.
La provincia de Ávila
Publicado el Lunes 2 de marzo de 2009.
Ávila, tierra de contrastes…
La provincia de Ávila es la más meridional de las que conforman la Comunidad de Castilla y León. Sus 8.048 km2 se distribuyen por variopintos paisajes, entre profundos valles jalonados de corrientes de aguas, montañas de altas cumbres y extensas llanuras. Ávila, de cumbres altas y orgullosas situadas al sur de la provincia. Espinazo de la Sierra de Gredos, con el Pico del Moro Almanzór, el más alto del Sistema Central. Pueblos y aldeas serranas se guarecen bajo la protección de tan altos picos.
Al sur de Gredos, protegido de los fríos vientos del norte, El Valle del Tiétar; gentes alegres; colores cálidos; la ‘Andalucía de Ávila.
Al norte de Gredos dos ríos, nuevamente, conforman la geografía y originan profundos y fértiles valles de extrema belleza que discurren hacia opuestos puntos cardinales. Al oeste, el Valle del Tormes, hacia el este, el del Alberche.
Las sierras de La Serrota, la Paramera y La Sierra de Ávila bordean al Valle de Amblés, que arropa al río Adaja quien, majestuoso, llega a hasta la ciudad de Ávila besando sus murallas antes de seguir hacia el norte para unir sus aguas al Duero.
Los pinares y la vid son los protagonistas en la zona oriental de la provincia abulense, ya limítrofes con Madrid.
La Moraña, “tierra de moros”, esa inmensa llanura cerealista, es la protagonista de todo el norte provincial.
Variedad de paisajes de los que disfrutar, de gentes con las que compartir, de tesoros por descubrir, de monumentos que contemplar, de caminos que recorrer, de mesas que compartir…
Desde Gredos a La Moraña, desde la Tierra de Pinares al Valle del Corneja, desde las judías de El Barco de Ávila al cochinillo de Arévalo, desde las truchas del Tormes al chuletón y la ternera, desde el románico al barroco, desde la iglesia y el monasterio al palacio y al castillo, desde la avutarda y la liebre a la capra hispánica, desde el valle hasta la montaña…
Ávila, todo un mundo de contrastes por descubrir.
… y monumentos.
En Ávila, las piedras hablan. Piedras que nos cuentan historias que vieron suceder, de gentes que acogieron. Historias heroicas e historias cotidianas.
Piedras, algunas, milenarias, que sirvieron para guarecerse a los habitantes de los castros vettones, o convertidas en figuras zoomorfas por el rudimentario cincel de su escultor, como los Toros de Guisando y tantos otros berracos diseminados por toda la geografía provincial.
Piedras centenarias convertidas en calzadas, en castillos, en palacios, en iglesias y abadías, en conventos, en puentes…
Piedras, en definitiva, que forman parte de la historia abulense y que, con orgullo y satisfacción se muestran para su gozo y disfrute.
Ávila es tierra de castillos. De norte a sur, de Este a Oeste, estas fortalezas salpican toda su geografía. Arévalo, Narros del Castillo, El Barco de Ávila. Arenas de San Pedro, Mombeltrán, La Adrada, Las Navas del Marqués son tan sólo unos ejemplos. Junto a ellos los palacios y casas solariegas que hablan del esplendor de villas y ciudades.
Los templos y monasterios también ocupan un lugar destacado. Abadías como la de Bonilla de la Sierra o Burgohondo; impresionantes templos como en Cebreros, El Barco de Ávila o Piedrahíta, monasterios como el de San Pedro de Alcántara en Arenas de San Pedro, o el de Gracia en Madrigal de la Altas Torres sirven a la vez para la admiración y el recogimiento.
Y en la Moraña, el estilo mudéjar. Materiales pobres como el ladrillo y el barro crean un estilo propio de belleza singular que nada tiene que envidiar a otras pétreas construcciones.
Castro de la Mesa de Miranda
Publicado el Lunes 2 de marzo de 2009.
Los vetones eran las gentes que en época prerromana habitaban las tierras situadas en torno al Sistema Central, que correspondía, entre otras, a la actual provincia de Ávila.
De origen céltico, eran gentes de economía básicamente pastoril, que complementaban con una básica agricultura. Como todo pueblo celta, eran también buenos guerreros.
Los principales restos vetones se conservan en sus castros, auténticas pequeñas ciudades fortificadas, con murallas y fosos, en las que vivían entre 500 y 2000 personas. Una muestra de esta cultura son los verracos, esculturas zoomorfas que representan animales vacunos e incluso porcinos, de las que se conocen cerca de medio centenar, muchos de ellos en tierras abulenses
En la provincia de Ávila se encuentran algunos de los más famosos y mejor conservados de esta cultura como el de Ulaca, Las Cogotas, El Raso o La Mesa de Miranda.
Este último, situado a 22 kms. de Ávila, en el término de Chamartín de la Sierra -en cuya plaza se conserva un hermoso verraco-, se encuentra este castro en un entorno de singular belleza.
De todos los castros de Ávila, es el que mejor conserva sus murallas, de más de 2.800 m. de perímetro, que forman un triple recinto de unas 30 has. de superficie. Es impresionante el acceso al tercer recinto, desde donde se puede caminar hasta la puerta SE del Recinto I, ante la que se conserva el foso semienterrado y magníficas áreas de piedras hincadas para dificultar los ataques. El recorrido hasta el extremo norte del castro permite apreciar su estratégica situación protegidos por dos profundos valles y controlando el paso a la sierra desde las llanuras del Duero.
Ante la puerta del tercer recinto se extendía una extensa necrópolis –Necrópolis de La Osera-, con diversas agrupaciones, con estelas y estructuras tumulares; una de ellas probablemente de un gran personaje, se respetó al construir el tercer recinto y se incluyó en un espacio adecuado en el interior de la muralla.
Madrigal de las Altas Torres
Publicado el Lunes 2 de marzo de 2009.
Esta histórica villa, de nombre enfático y precioso, como la definió el escritor Dionisio Ridruejo, tiene el privilegio de haber sido cuna, a lo largo de su historia, de egregias figuras, que han marcado la vida de España: Isabel La Católica; Alonso de Madrigal “El Tostado”; Vasco de Quiroga, el “Tata Vasco”; Gaspar de Quiroga; Diego Vázquez de Mercado… por nombrar sólo a alguno de tantos… y otros que, como Fray Luis de León, quedaron eternamente ligados a su historia. Y Madrigal de las Altas Torres siempre se ha mostrado orgullosa por tantos personajes ilustres de su pasado.
La estructura urbana de Madrigal de las Altas Torres ha permanecido casi inalterada desde el siglo XVI, conservando casi fielmente su estructura medieval de tipo radial, pero con la particularidad de presentar dos centros: Plaza de Santa María y la Plaza de San Nicolás, de las que irradian las principales calles a su vez interconectadas por otras que forman círculos concéntricos.
Su nombre, de ascendencia árabe, alude a las casi cien torres que servían de defensa a sus murallas, una cerca ovalada, de unos 2.300 metros, levantada en el siglo XII. Son murallas de estilo Mudéjar construidas a base de ladrillo, hormigón de barro calizo y piedra menuda. Cuatro poderosas puertas fortificadas se abrían para atravesar sus muros y dar entrada y salida de la villa.
La iglesia de San Nicolás de Bari, con su poderosa y alta torre, que conserva la pila bautismal de Isabel I de Castilla; la iglesia de Santa María del Castillo, a pocos metros de la primera, con elegantes ábsides mudéjares y poderosa torre militar que formó parte de un antiguo castillo; el Real Hospital, fundado por la primera esposa del rey Juan II, y el Palacio de este monarca, convertido luego en convento de Agustinas, dónde en 1451 nació Isabel la Católica, junto a sus murallas y las ruinas del Convento Extramuros de San Agustín, en el que falleció Fray Luis de León, en 1591, son algunos de sus más preciados tesoros monumentales.
Arévalo
Publicado el Lunes 2 de marzo de 2009.
Al norte de la provincia de Ávila se encuentra La Moraña. La magia del paisaje morañego, extensas llanuras que tras muros de adobe y barro esconden auténticos tesoros artísticos. Una amplia comarca para descubrir; un espacio abierto y limpio para el goce de todos los sentidos, en el que los paisajes humanos y los paisajes naturales se entremezclan en perfecta armonía.
Y capitaneando esta comarca, en una encrucijada de caminos, se levanta la histórica ciudad de Arévalo.
Los Briceños; los Montalvos; los Medina; los Sedeños; los Tapias; los Verdugo. Cinco familias que darán “apellido” a Arévalo: La ciudad de los cinco linajes. Cinco linajes que serán los encargados de organizar la repoblación de Arévalo y gobernar su tierra.
Ellos convertirán a Arévalo en una villa fuerte y próspera que obtendrá privilegios y fueros reales.
Del esplendor y poderío de la ciudad dan cuenta los restos de sus murallas, así como la poderosa Puerta de Alcocer, entrada principal de la ciudad, situada frente a la Plaza del Arrabal –extramuros- y la Plaza del Real –intramuros-, en la que se encontraba el palacio de los Trastámara. Una muralla que abrazaba a la villa y se unía a los muros de su poderoso castillo, levantado en la encrucijada de los ríos Adaja y Arevalillo.
Como centro neurálgico de la localidad, la Plaza de la Villa, un bellísimo y sugerente ejemplo de arquitectura popular castellana medieval. Casas de soportales con entramados de piedra, madera y ladrillo; la histórica Casa de los Sexmos; la Iglesia de Santa María la Mayor, con su imponente ábside mudéjar y su pétrea torre, y, en el extremo opuesto la iglesia de San Martín, con sus dos torres mudéjares conocidas popularmente como las “torres gemelas”, conforman un conjunto monumental único.
Desde hace décadas, Arévalo es referente nacional en el sector culinario por su famoso Tostón (cochinillo asado en horno de leña), que cumple con tradición y materia prima de calidad, su preparación casi espartana.

